un amanecer, un tibio cuerpo tendido
el cuello desnudo, sobre él
la excitante sonrisa de la poetiza
que se relame los dedos por las sabanas desechas,
los limites rasgados y las angustias emborrachadas.
con sus pechos, cautivos, completamente míos,
en ese amanecer estamos como nunca jamás estaremos
fundidos en la carne, en la cama y en el silencio,
nuestro dulce silencio del cual brotaron siempre mariposas...
yo te escribo mí amor,
te escribo estas cartas con el sol sobre la frente,
lejos de casa, lejos de ese amanecer
y solo quisiera subir por tus piernas,
pasar la llovizna refugiado en tu vientre
besar las costas de tu continente, tan diferente al nuestro, tan cautivo
que me esperes en la calleja de las flores,
que me beses en la taza de café
pero...
el papel es
tan escaso
y nuestro amanecer
tan etéreo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario