... mientras ella duerme yo la veo sonreír y ella
no sabe que la miro
como la mira el jilguero o la besa el pórtico cuando regresa
si es que regresa,
como sabemos, ella y todas ellas son tan volátiles como el esperma
y la esperanza de que caiga la llovizna esta noche y nos encontremos indefensos,
abrazados y húmedos,
ávidos de tacto.
A salvo de los preceptos y conceptos. Ella sabe que la miro y que escribo de ella
como si estuviera aquí,
conmigo, respirando mi aire que se despedaza en cristales
cuando creo poder tocarla y tan solo
encuentro la otra mitad de la cama vacía,
completamente desnuda de ella
y mis ojos vuelven al cielo raso y suspiro aún su perfume contando las píldoras,
los segundos, las patadas tras la puerta...
suena el bandoneón y veo las primeras luces encenderse...
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