jueves, 16 de octubre de 2014

Nosotros.

Estoy escribiendo, estoy diciendo, estoy, de alguna manera, omitiendo algunas cosas. El punto suspensivo, el trazo entre cortado, las labiales que besan y las fricativas que se frotan, se calientan. Esconden una sensualidad que se excede de mi lengua, mis dedos y mi literatura. Existe acaso algo mas, algo que no puedo escribir, algo que sin una mujer no se siente, no se se saborea, no se tiene en las manos ni en la boca, en la lengua. Que teatro te guarda, que guarda este circo de letritas que se ordena bajo mi gobierno en esta hoja que tampoco es una hoja; que no es papel y lápiz o tinta. Solo hay algo de vino, eso si. Siempre esta la copa rondando el texto. Quizá por que recuerdo a la mujer, a la noche de lluvia. A la noche de noche, que no es poca cosa valga la redundancia, hay noches que de noche no pasa nada y del otro lado alguien nos mira, eso presiento. Me mira como escribo, que escribo, donde... cuanto hay de mí en eso que me pongo a hacer, cuanto hay de mentira? Otra vez los puntos suspensivos, es esto claramente, falta de literariedad en el escritor o sueño. Espacios inconclusos, espacios baldíos de argumentos, incontinuidad. Ahora la aliteración se sienta al piano y toca. Toca todas las puertas del desierto que desata los relojes de arena y sube a la luna con los pies en el cielo. Ascensión, cambio de plano. Dejo la tierra, desde mi cama y mi copa a través de una hoja que no es una hoja o sera tal vez chakra, o portal. Estoy sobre tu piano de estrellas, en tu pelo de cosmos, en mi sueño que miente como la prosa sucia y sórdida que dejo en la tierra mientras el tiempo se corre sobre mi como arena en la piel que dejo secar al sol.
Ya no quiero estar con nadie mas que vos, y ya no conozco otra cosa mas rica que nuestro beso.

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