Dos golpes en la puerta y Suena su voz. Camina descalza, ella... Sensual leitmotiv y de pronto el golpe, vuelan todos pájaros, la voz quiebra la noche en dos mitades
en dos medidas de ron. Ella se saca la camisa y me mira.
Viene hacia mi jugando lentamente con su pelo que envuelve los pechos y pega la vuelta para subir la vista justo a los hombros que caen desnudos por la espalda...
Siempre hay un espejo y se borra toda realidad y toda justa razón para estar de un lado u otro del mismo. Los ojos se van, la lengua se va y queda el cuerpo, la noche. Y me llama, otra vez, desde alguna ventana entreabierta entre ella y yo, y las horas que son mas que entre sueños de ambos y la verdad es que cada uno esta en lugares distantes, y que muchas veces ya no escribimos,
como tampoco dormimos o estamos en una cama aunque parezca por medio del lenguaje algo concreto... no. Nunca estamos haciendo lo que decimos y lo que hacemos nunca se puede explicar con algo mas que música. O al menos si tuvimos suerte quedara el recuerdo de alguna melodía involuntariamente apropiada que nos pueda llegar a transportar hacia eso lugares que hemos visitados.Y la calle ya no sera la misma y nada pasa mas si no tu y yo en el reflejo olvidado de lente de la Nikon o seremos fantasmas también para ese ojo. Quise decir alguna vez; me acuerdo de esos adoquines y los cigarrillos, de los sombreros y los paraguas largos y con empuñadura de madera. Olíamos a café y la luna estaba gorda como nuestros corazones cuando nada era viejo y estamos completamente húmedos. Vos me agarrabas del brazo como para no irte volando y yo me subía a tus pestañas para no ahogarme en los ríos que se abatían debajo de las caderas. Nada nos había alcanzado sino mas que el sueño mismo que nos llevaba una noche mas a traves del espejo al recuerdo tan hospito de saber que llevábamos viviendo mas de lo que el tiempo y sus relojes marcaban a las doce.
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