lunes, 1 de septiembre de 2014

Argenta, gamba.

           Cuarenta y tres minutos me quedan para dejarte tan solo como te encontré, tan impaciente, completamente lleno de dudas, o semi dudas algebraicas y laicas. Día incomunicado, rabioso día, son solo un par de horas mas, algo mas lleno de dudas que se va, viene. Eterno bamboleo, sostén... corpiño mullido de dudas y duras tetas, ricas tetas, rosas tetas sexys que me seducen y me distraen por cuarenta y tres minutos que me quedan para volverme cuerdo o loco un poco para ver al perro que duerme entre las vías. Tren que va o viene, perro que descansa, perro que rie de rabia, perro que muerde la carne roja, el cuero, el amor. Amor que odio. Da igual, los taxis giran, los suelas a galope van sobre las baldosas y arriba el cielo de papel. Cuarenta y tres minutos, cuarenta y tres razones que son palabras nada mas para que no me suba los pantalones, para que te haga el amor. Y de eso se trata, de tomarse cuarenta y tres minutos mas todos los días para hacer el amor, para mirar al perro, para mirar con rabia al subte, para comer con la boca dulce los ojitos de las chicas lindas por la calle. Se trata de tomarse ese lapsus de rabia con un poco de azúcar, de hacer unas cuadras silbando, cantando fuerte. De levantar la cabeza, las manos y mirá, la mancha del techo que se expande de tanta humedad se ríe, y te reís con ella. Se trata del soltarte de las manijas cuando el tren agarra un curva y que la fuerza centrifuga se lleve lo que ande suelto, se trata de andar fluido por entre los ronquidos y los recónditos ceños fruncidos de los incogibles, perdón.... inconcebibles.
Soltate el pelo, desabrochate amor, desabrochate la camisa y camina sexy, sexy Argentina, mostrame las gambas que yo mientras me prendo un cigarrillo.
Cuarenta y tres minutos para vos tengo hoy, tengo siempre. Amor me amas como te amo, como te amo como te amo como te amo solo en ese espacio que se abre después de los cuarenta y tres minutos, cuando me que solo repito te amo te amo te amo, en la espesura de la impaciencia que fuma, entre las dudas que se sueltan y saltan sobre el tren que pasa, sobre el tren que nunca se detiene.

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