Estoy en deuda conmigo,
necesito mi casa y mi cama.
Un silencio de saxofon, trompeta
sin ser estridente estableceré un vinculo con otra zona
en otra geografía, seré amarillo
anaranjado algo menos corpóreo,
cándida calma, soliloquio o pasacalles.
En esta deuda le debo a mi tía ausencia,
a mi amor,
amigos, amigos me deben amor,
colores, canción, todo se reduce a una deuda irremediable
el tiempo.
Tic tac, toc tuc, tac tac... me golpean en la cabeza
las biromes, las agujas y los sordos e incapaces
tristes, esos hombres tristes que no tiene libro,
que no tienen trompeta.
Ay de mi, de mis manos que sudan,
de mis manos que beben
licor, licor licor... mucho mas licor
y menos dolor, vinilo, calle con vos ahí,
parada. Terriblemente alerta de mi bolsillo,
de mi corazoncito que escondo en el bolsillo
donde no hay mas que eso, un corazón.
La deuda es la palabra, la escritura virgen
en tu puta piel de mujer
la verdadera lagrima, el cajón con los incrustes de bronce.
Esa es la deuda que se va,
a la tierra y a los gusanos, todos llevamos un cajón
un muerto vivo,
un vivo muerto
que camina por las paredes
que se acuesta entre los tachos de basura del alma
que nos debe, entre otras cosas,
un café.
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