lunes, 14 de octubre de 2013

Refractario I

Me senté frente a la máquina de escribir,
era lo único que podía hacer en ese momento.
Precipitado me volví débilmente hacia la palabra y confié en ella.
En cada palabra dejaba fluir y sentenciar lo que mis laberintos circulares pretendían disipar en la ausente noche de luciérnagas amarillas.
Centellares de farolas sonaban reprochantes como el saxo furioso en los labios de Charlie Parker,
la difuminada ciénaga me devoraba las rodillas y una lluvia de mujeres desnudas en genocidio del silencio silábico manchaban el rincón grisoscuro en el margen inferior derecho del trozo de habitación
en donde se fijaban mis ojos. La pensión de San Telmo, en la capital de Buenos Aires me mantenía presidiario de mis manos temblorosas. Lo único que acudía mi pasión era tocar el brazo que sostenía la púa sobre en vinilo y juntos nos apoyábamos para desafiar el vicioso silencio de la habitación 18.
Crujía la escalera y sudaba ansioso de volarme la cabeza, de pronto sentí las manos de ella acariciándome, una el cuello y la otra deslizándose hacia la parte alta de mi camisa Yves Saint Laurent y prosiguió con la hebilla del cinturón; entre la línea que separa la ficción de la realidad, ardiente estaba ella con su busto rosado de rodillas entre mi máquina y yo...
La intervención del narrador hizo de la escena una inconclusa fuga de aire que se disipo dejando solo el perfume de la hermosa mujer sobre el texto...



1 comentario:

  1. Excelente arte de un texto con mucho "movimiento", sensualidad y literatura. Felicitaciones.

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