lunes, 30 de junio de 2014

Chau.

Segundo atado de puchos,
otra vez el muelle y los barcos,
Tuñon tenia razón,
siempre que tengamos un puerto, algo de mar
y barcos y llovizna,
siempre tendremos angustia, siempre tendremos amor.
Ya estoy justificando que me guste el jazz,
soplar y soplar
y darle matices y combinaciones y formas
y aromas,
y tristezas     a todos mis llantos,
a todos mis gritos.
Y me volví fumador,
borracho. Ahora estoy borracho y triste.
Completamente solo, como yo quería estar en mi tumba
después de estar mas de cuarenta años con ella en la cama
y en la casa.
Y llegue a querer ser padre, a querer ser esposo.
Pero esas palabras no están en mi biblia, en mi boca.
Claramente no era por ahí,
lo dijiste a gritos, lo dijiste a gritos mujer...
y tuve que escucharte
y me deje solo
y te dejaste sola
y aquí estoy ahora, con el segundo atado
completamente ebrio olvidándome de vos
y de él. Pequeña extensión, estación de amor de vos
y de mí. Y sera largo el té que cure esta angustia.
Y volveré a leer,
a dormir o no dormir
a coger,
a obnubilarme regado de siluetas comunes
me sentiré desgraciado,
me sentiré muerto.
Con el pene erecto poco creo llegar a sentir otra vez
el cuerpo de una mujer.
Ni los ojos me quieren mirar,
ni la lluvia pretende caer sobre mí.
Y yo sobre toda esta sangre,
sobre toda esta tristeza
envuelvo de un común amor
otro mas, pero diferente.
ya tan ajeno,
ya tan triste,
ya tan muerto.

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