y del agua, las mayolicas,
los colibríes rodeando la habitación,
el perfume de tu cuerpo
y la ropa interior volando en los picos de los colibríes
de las abejas, en nuestras propias bocas
y picos, y tacos que se desprenden de tus empeines
que caen en el suelo como gotas de miel
y almendras de tu pelo suave,
sincero castaño, claro, por su puesto.
Ese pelo claro y sin vueltas lleno de mariposas
de dedos, de mis dedos que se pierden tranquilos en tu cabeza
Con mis alas también vuelvo y si, yo doy vueltas
por tu pelo hasta tus pies y dedos que muerdo,
en un pique decreciente bajo de los muslos a las pantorrillas
y regreso a tu cintura. Una vez escribí cintura libidinosa
solo con la finalidad de imprimir un anhelo
mas o menos similar a tocar tu cintura
que reverdea como el trigo
que me muestra en su calor
todos los colores del fuego
y en su centro (rodeados de plumas y pinceles)
todos los colores del agua.
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