miércoles, 22 de enero de 2014

Zamba.

de golpe se detuvo nuestro zamba
todas las luces dejaron de verse como luciérnagas,
como estrellas fugaces.
Todos los olores dulces del azúcar y la miel se nos volvieron a esconder
en el smog oxidado de los coches y la conciencia.
Todo se lleno de humo, de hormigón y cara al piso
quedamos/quede
contando los giros que, poco a poco,
iban avanzando-retrocediendo, todo es relativo.
Efectivamente lo és. Afectivamente también és.
Se paró la rueda y no conté mas giros que los de las agujas imaginarias de mi reloj digital pulsera,
conté algunas notas en quintas disminuidas de un saxofón
y una copita de vino tinto. Pero también dejaron de girar y llegaron a su fin.
La música del juego se volvió silencio supremo, mire las cabinas telefónicas
miré los espejos, las ventanillas y las vicisitudes, nada...
Ya son las cero horas y dieciocho minutos y
una amargura que no se encurda me acompaña en la cama,
abriendo un espacio entre nosotros,
que espero cerrar en algunos minutos cuando por fin nos dignemos a soltar las palancas
y dejar a las poleas girar en paz o fuera de sí, en fin, como se les cante o cante
el momento en el que estamos/estábamos.... Que estoy
completamente enamorado de la rueda que gira locamente a mil vueltas por minuto.
De golpe, también
 se detuvo la maquina
y sonó el teléfono...

Amor.

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