martes, 7 de enero de 2014

Madre.

Tenes ese corazón, 
ese corazón tan lleno de frescas
frutillas y fresas capaces de devastar
las razones que cualquiera podría razonar
primero                           pero yo quiero que
nada,                    ... no puedo pedir nada.
Ese corazón es, tan simplemente como es,
es y me gusta. Invita al mío, que también es tan capaz
de ser
aún sin ser tan grande como el tuyo,
que es grande porque es dos,
porque de tu vientre de madre hizo nacer otro corazón.
Son tan distintos nuestros corazones pero se entienden, es claro.
A uno le alcanza sentirse así, tan pequeñito
y al otro no le alcanzó un cuerpo, su proeza de amor dilato las paredes
las arterias y salió, se hizo sangre y llovió hacia el sur
en llantos
y más sangre,
tanta alegría siento al salir que hasta te miro a los ojos
y te sentiste intacta,
madre. 

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