No había razón por la cual me sentase a escribir
ya estoy casando, dije. Hoy quiero ser solamente un despabilado.
Aprovechar la ausencia de obligaciones y ocios,
imaginarte solo en aire, nada de palabras, nada de manos
trepando por tus piernas
o besos humedeciéndolo todo sobre la cama.
No había razón tampoco de quedarme entre las maquinas
perdiendo la serenidad que brinda mi cama,
bebiendo el aire del ventilador con la cara al techo
y mirar el techo,
el sabio pasatiempo de mirar el techo, así tan simple y tan complejo.
Mirando con honestidad mi techo que no es mi techo,
pero digamos, de momento que duermo acá
y donde estoy es donde amo.
Naturalmente me encuentro solo en ese techo,
y gracias a la ausencia de ganas de escribir me miro
y me reconozco en ese viejo techo,
y miro sus capas de pintura,
y sus poros, sus fisuras
mirando el techo me reconozco y me veo claramente
besando las costas del mar que siempre refresca
cuando no hay razones para escribir,
cuando no hay una mujer a quien amar.
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