Salió al pasillo
el piñón cedió al
giro y avanzó
la música de las
bicicletas, la nostalgia.
subió sobre ella,
como cualquier otra noche y miramos el cielo
cubierto de
estrellas
o estrellas
desparramadas en un silencio que se hacía cielo.
y lo ví,
acomodo las
palancas, las piernas
con las manos
llenas de teclas
tomó su primer
aire - su último aire, último de esta vida que se va -
el abrazo nos
estremeció un poco,
pude sentir su
miedo...
llevaté mi
estrella, le dije.
esa estrella que
alguna vez me diste para mis viajes
radical presencia metafísica,
manifestación - aproximación
de tu aliento y de te abrazo,
siempre cerca. Cerca siempre.
Nos abrazamos
como siempre,
como ese abrazo
que nace de saber quiénes somos
con esa fuerza de
putearnos con amor
pero de putearnos
y
esa sabiduría de
saber que estamos con las mochilas cargadas
de cama y de pilchas,
de música y libros, hambrientos por
saber por enseñar.
Perduró el abrazo y
estábamos en el
calle,
siempre estábamos
en la calle
pero esa noche la
calle era diferente…
"Yo siempre
supe que volverías"
resonaba una
imagen con este texto muy dentro mío,
como un
anacronismo.
y nos miramos por última
vez
con los mismos
ojos
tan llenos de
sangre
y sinceros.
Capaces.
Desprovisto de
fronteras, de pestañas.
"Yo siempre
supe que volverías"
Así es cómo a
falta de texto, de hojas de ruta
escribe en los campo el pájaro cantor,
su arrullo enamoró
la tinta y la hoja cedió
como cedió el
piñón
como cede a tu
paso veloz el viento
y así te fuiste
una noche
sobre el empedrado
sobre tu bicicleta
de sueños
rumbo a las
olas
rumbo a tu
encuentro más álgido
y siempre conmigo
te fuiste
llevándome en el pecho
en la mano
Aquí,
Temperley, 3 de Enero de 2014
libero tus cielos
y tus campos con esta carta abierta
con mi amor y
aprecio hacia vos
con mi fuerza de tipiar
furioso
espanto tus pájaros
del campo
del mar
levanto mis brazos
y a la distancia
te abrazo en el
aire
HERMANO.
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